En este tercer capítulo se analizan las relaciones existentes entre el egreso escolar y los mercados laborales, así como los efectos que se generan al distribuirse el ingreso. El estudio de egreso del sistema escolar no tenía los cálculos confiables suficientes en relación con el número de individuos durante la década de los sesenta y el abandono del sistema escolar, es por ello que fue necesario desarrollar un proceso matemático que permitiera desarrollar cálculos de las tasas de transición. Este procedimiento fue dado a conocer por el Centro de Estudios Educativos; el modelo generaba tasas de transición que sólo resultaban satisfactorias para la enseñanza en educación primaria y no distinguía otros aspectos del sistema escolar.
Para conocer el número de los egresados que se incorporaron a la población económicamente activa (PEA) se empleó el siguiente procedimiento:
*Primero se calculó la composición por grados escolares de la población económicamente activa que seguía trabajando para el año de 1970.
*Después se le restó la que tenía más de 55 años de edad, así como la que falleció durante la década, obteniendo un “inventario actualizado”
*Por otra parte se dispuso de tabulaciones especiales que permitieran apreciar la composición por grados escolares de la población económicamente activa de 12 años o más.
Luego se nos presenta que, para ingresar al mercado laborar por medio de la educación se debe tener en cuenta que no todos recibimos el mismo nivel de instrucción y esto causa desigualdades. Por esta razón los individuos con menos calificación están siendo remplazados por individuos más calificados; esto debido a que la educación en niveles superiores les da un grado mayor de capacidad. Ante esto y otros aspectos más, mencionados en el capítulo, se deduce que la posición social de cada individuo determina las oportunidades que éste tendrá en su educación, sus posibilidades de adquirir más conocimientos y el ingreso a un establecimiento escolar.
Muchos de los fenómenos observados en este escrito podrían ser atribuibles a la interacción de las leyes del mercado, pues dicha interacción puede tomar en cuenta la cantidad y la calidad de la educación obtenida, así mismo Muñoz Izquierdo y Guzmán llegan a la conclusión de que la familia de cada individuo determina, a través de diversos mecanismos, sus oportunidades de educarse, sus posibilidades de aprender, de tener acceso a un establecimiento escolar de mayor prestigio entre otros aspectos; dicha posición también proporciona las relaciones sociales indispensables para que la educación recibida resulte relevante en el mercado de trabajo.
Comentario:
Definitivamente la educación tiene como objetivo mejorar la calidad de vida de los estudiantes, pero creo que no siempre es así; en ocasiones el trabajo que desempeñaban las personas en ese periodo no era acorde con la preparación recibida, pero a falta de ofertas laborales no tenían otra opción; incluso los salarios eran muy por debajo de lo que deberían ganar; esa situación sigue prevaleciendo en la actualidad ya que continuamos siendo un país con muchos habitantes y con pocas posibilidades de tener un trabajo; aunque conseguir uno depende mucho de las capacidades y habilidades que cada individuo tenga. Recuerdo que en una clase llevamos tablas de tres estados diferentes del país que contenían información acerca de la matrícula de los niveles de la educación básica; después hicimos gráficas con esos datos, y gracias a ellas me di cuenta que la matrícula siempre es más alta en un estado, en este caso, el D.F. ; yo pienso que esto se debe a que éste tiene mayor ingreso y materiales didácticos en comparación a los otros dos estados.
Bibliografía:
Muñoz Izquierdo, C. (1996). Capítulo III.- Impacto de la escolaridad en los mercados de trabajo y en la distribución del ingreso: el caso de México (1960-1970). En Origen y consecuencias de las desigualdades educativas. (pp.90-123). México, D.F.: Fondo de Cultura Económica.